jueves, 1 de marzo de 2012

JESUCRISTO, UN VERDADERO LÍDER



"Nada llena tanto mi vida como contemplar la figura de Cristo y ver la potencia de atracción irresistible que ejerce a través de los siglos. Cristo ayer, hoy y siempre. Cristo el mismo: el Señor y Dueño de la historia."


No hay mejor manera de comenzar que con esta frase dicha por Juan Pablo II, en el encuentro mundial de la juventud en Madrid. Con esto nos da a entender claramente que Jesucristo es el Auténtico Líder de los católicos.


Sabemos que en el mundo hay verdaderos y falsos líderes. Puede haber muchas definiciones de lo que es un líder. Podemos definirlo de esta manera sencilla: un líder es aquel que es capaz de llevar a los demás hacia el bien, sin forzarlos, sino respetando totalmente su libertad.


No cabe duda que Jesucristo llena esta definición perfectamente. Vemos que el evangelio está lleno de ejemplos que prueban esto. Al invitar a los demás a seguirlo no les escondió absolutamente nada. Por poner algunos ejemplos, recordemos cuando una vez Él estaba caminando junto al Lago de Genesaret; vio a unos pescadores y les invitó a seguirlo; ellos dejaron todo, barco, posesiones y hasta a su mismo padre, y lo siguieron. También está ese otro pasaje donde predicando a todo el pueblo, afirmó que todo aquel que quisiera ser su discípulo tenía que cargar con su cruz todos los días y seguirlo.


Jesucristo no sólo aclaraba las cosas desde el inicio, sino que también les dio oportunidades para echarse para atrás. Por ejemplo, después de la multiplicación de los panes la gente comenzó a desistir cuando lo escucharon decir que, "tenían que comer su carne y beber su sangre". Jesús se dirigió a sus apóstoles y les dijo: "¿Ustedes también quieren irse?" y Pedro tomó la palabra y contestó: "¿A quién iremos, Señor? Sólo Tú tienes palabras de vida eterna." En esta respuesta de Pedro se puede detectar toda la capacidad de liderazgo de Jesús. Él no los forzaba a seguirlo, pero ellos sentían una atracción tan grande hacia su persona que se sentían incapaces de abandonarlo.


Las personas sentían mucha seguridad en su presencia. Es tan cierto esto que cuando Él murió sus apóstoles se sintieron sumamente solos y tristes. Esto lo confirma aquella frase de los dos discípulos de  Emaús:"nosotros esperábamos que Él fuera el Mesías". 


Jesucristo no defraudó a nadie que pronunció su nombre y se decidió a seguirlo. A eso mismo nos está invitando a todos nosotros. no dejemos pasar esta oportunidad que nos ofrece de hacerlo parte de nuestra vida. Él es el BUEN PASTOR, Él es el CAMINO, la VERDAD y la VIDA.



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